martes, 8 de marzo de 2011

El chico al que últimamente le sienta bien el color azul, está sentado en la mesita del mismo café de hace días y que también le hace sentir bien. En una mesa con tapete floreado, una lámpara de mesita de noche verde, las fundas de las sillas con otros estampados geométricos...pero solo ocupa una de las tres sillas, pasará una hora más solo, tomando sus eternos cafés y observando.
Hoy su madre no ha sido tan agradable por teléfono como siempre, la llamada ha sido corta y fría, pero él sabe que no puede pedirle más, porque ella tampoco puede estar siempre al pie de su cañón.
Así que, se deja envolver por la música que intuye que es de un algún cantante negro y descubre que todos los personajes que le rodean son gafapastas, y sonríe. Algunos llevan gavardinas, otros con mocasines horribles, jerseis de punto y camisas de cuadros. Se imagina como los ojos del chico que le sirve el café empequeñecen en la intimidad cuando se quita sus gafas de cristal tan grueso. Una pareja de calvos enamorados, uno le sube y le baja la cremallera del puño de la manga, y el perro que llevan atado con correa a la pata del sofá dónde se sientan observa al chico de la camisa azul. En la barra, un gato chino que no se cansa de subir y bajar el brazo (el otro dia escuchó una lección de una que llevaba gafas rojas, sobre los gatos chinos blancos y los gatos chinos dorados). Un móvil con figuritas de papiroflexia de pajarillos que se mueven cuando se abre la puerta, y de repente se para todo al su alrededor cuando descubre el nacimiento de una gota en el surtidor de cerveza, y resvala cuerpo abajo...y otra gota, y al chico le parece sorprendente como parece que todo, de repente, tiene vida, hasta lo más insignificante parece que hable, o suspire, o se queje o simplemente respire. y así el chico sigue sonriendo.

Él pensaba hace unos meses que las cosas serían divertidas, que conseguiría, tomando la decisión más o menos oportuna, la visión de vida que quería llevar y se dejó llevar por el pronóstico de una mujer, de que más o menos en otoño surgirían las oportunidades que le llevarían a cumplir sus objetivos...tenéis que saber en este momento que faltan pocas, muy pocas semanas para que llegue la primavera, imaginad la cara del chico cuando le viene a la cabeza estos pensamientos, no se si sigue sonriendo o si es una mueca de tristeza. Pero hoy no pensará en si hizo bien o mal, prefiere mantenerse neutro y buscar en el recuerdo y en el presente lo que le lleva bienestar...y suspira.
Pero irremediablemente, éste, que tiene esa doble basante del optimismo y pesimismo repentino, le viene el engaño en la cabeza, le habrán o están engañado desde un tiempo hacia aquí algunas personas a las que ha concurrido, conocido, rodeado...?
o quizás es él quien se engañó a sí mismo y por eso ahora se siente defraudado...? quizás todo esto no es lo que él esperaba? o necesita todavía aun más paciencia para darle tiempo al tiempo?
Las cosas le van más lentas de lo que él quisiera, pero de ahí tendrá que aprender todo lo que le ofrecen. El chico no se está de brazos cruzados, hoy dedicó todo su día a organizar sus siguientes pasos y a llevar a cabo algunos para obtener lo que necesita para los posteriores, pero le sigue dando la sensación que el día no ha sido provechoso porque las cosas, las respuestas y resultados no són tan rápidos.
Mañana volverá a su puesto de trabajo, haciendo mil horas para poderse subvencionar todo este proceso y se hará el fuerte acogiéndose a la idea de que todo es una inversión para poder recoger los frutos que le gustan, quizás en primavera...y durante todo el día esperará salir de ahí para poder recojer quizás alguna llamada en el móvil que le sorprenda, y que su euforia, iluso, este fin de semana no habrá sido en vano...

El chico que se viste de azul, pagará su café y saldrá a la calle y como siempre volverá a sonreír al descubrir encima de una cabina telefónica, un bidet del baño al que le nacen flores de su interior, con la inscripción "siempre tienen que nacer flores" y se aplicará el cuento. así, es la ciudad donde vive.
Picará el botón del ascensor y mientras se le hace eterno su llegada, dará vueltas sobre si mismo, pegará algunas patadas en el aire, mirará hacia arriba, suspirará mientras se le abren las puertas, picará al quinto y me mirará a través del espejo de nuevo, como cada día, afirmándome una vez más que vuelve a casa pidiéndome ayuda a cambio de darme todo lo mejor de él.

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